Si son iguales, que sean seguros
A una semana de que entre en vigor en todo el país la nueva prescripción de fármacos por principio activo, los médicos de familia han salido a la palestra para advertir sobre los efectos nocivos que la nueva medida de contención del gasto farmacéutico puede acarrear sobre los pacientes. Si primero fue el Colegio de Médicos de Asturias el que arremetió contra la obligatoriedad de recetar medicamentos por su nombre científico y no por su marca comercial, ayer fue la Sociedad Asturiana de Medicina de Familia y Comunitaria (Samfyc) la que ha puesto el dedo en la llaga. No lo ha hecho de forma tan beligerante como la organización colegial que anima a los facultativos a rebelarse contra las directivas del Ministerio de Sanidad, pero ha sido igual de contundente al vaticinar un posible aumento de muertes provocadas por errores en la toma de medicación.

Los facultativos de familia creen que recetar medicinas por el nombre de la molécula y no por la designación comercial como se venía haciendo hasta ahora puede inducir a equivocación por parte de los enfermos que siguen algún tipo de tratamiento farmacológico. «Los fallecimientos por errores de medicación son frecuentes y con los etiquetados actuales es previsible que aumenten», alerta la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc). En un comunicado emitido ayer, la entidad insta al Ministerio de Sanidad y a las autonomías a que adopten las medidas necesarias para que la prescripción por principio activo sea igual de segura que la actual forma de recetar.
Si el ministerio de Leire Pajín no da marcha atrás, los cambios en la prescripción farmacéutica entrarán en vigor el próximo día 1 de noviembre. Desde esa fecha, los facultativos de todas las comunidades autónomas estarán obligados por ley a recetar fármacos en función de su denominación de origen, es decir, por su molécula. Así, por ejemplo, los profesionales ya no apuntarán en las recetas una caja de Efferalgan o de Bexal. Tendrán que prescribir paracetamol o ibuprofeno, el principio activo de estos antiinflamatorios.
Con esta prescripción será el farmacéutico y no el médico, el que decida en última instancia qué fármaco se llevará el paciente a casa. Y lo hará porque, según la nueva ley, una vez que el enfermo acuda a la botica con la receta por principio activo tendrán que dispensarle la medicina más barata que se corresponda con esa molécula. En ocasiones, el paciente se acabará llevando el mismo fármaco, ya que la mayor parte de los laboratorios se han adelantado a la polémica medida y han bajado el precio de sus presentaciones comerciales para igualarlas con el coste de los genéricos. Gracias a este abaratamiento, los laboratorios podrán competir en igualdad de condiciones con las medicinas con precio límite.
Pero no siempre será así, explican desde las consultas los facultativos. «Habrá mucho cambio de medicación y mucha confusión entre los enfermos, sobre todo entre el colectivo más frágil como son los crónicos», explicó el presidente de la Samfyc, el gijonés José María Rodríguez-Lacín. Los facultativos inscritos en esta sociedad han puesto en marcha una campaña mediante la cual quieren presionar al ministerio y también a los laboratorios para que fármacos genéricos y fármacos comerciales sean similares en apariencia. «Si son iguales, que se parezcan», es el lema de esta iniciativa. Los profesionales piden que las cajas de los medicamentos lleve el nombre del principio activo (por ejemplo, omeprazol), la dosis (20 mg) y la cantidad (28 comprimidos). El caso del omeprazol es uno de los más escandalosos. «Hay hasta 60 cajas diferentes aprobadas para su dispensación según el listado de precios de referencia». Los facultativos aseguran que no se oponen a la prescripción por principio activo. «Puede ser conveniente pero debe modificarse de manera urgente el etiquetado, introduciendo la isoapariencia», insisten.
«No sabemos a qué atenernos ni qué pasará el día 1»
Por principio activo, por el nombre comercial del fármaco o por su designación de fantasía. Los médicos asturianos «no sabemos a qué atenernos ni que pasará el día 1 de noviembre», cuando está previsto que entre en vigor la nueva forma de prescribir fármacos. José María Rodríguez-Lacín, presidente de la Sociedad Asturiana de Medicina de Familia y Comunitaria (Samfyc) reconoce que al igual que el resto de sus colegas «estamos desconcertados». Los profesionales están a la espera de recibir nuevas directrices del Ministerio de Sanidad.
De no llegar, el próximo día 1 de noviembre «haremos lo que cada uno considere que debe hacer en conciencia», vaticinó este médico, que pasa consulta en el centro de salud de El Natahoyo. «No se trata de un asunto baladí. Esta forma de prescripción, que presenta muchas grietas y lagunas, va a provocar mucha confusión entre los enfermos, porque muchos no sabrán lo que están tomando».